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P O E M
A S
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( Dedicados a mi amor... Catalina Ossa
)
Te respiro en el otoño de los minutos satisfechos,
con la altura desterrada de mis rincones solitarios,
con la inmensidad vuelta cenizas,
siempre vuelvo a ser devoto,
de tus ojos provisorios y
tu miel encaramada.
Por tu espalda mil augurios manifiestan ansiedades,
conociendo a una pequeña veleidosa en llamaradas,
decidiste aventurarte con la frente zambullida,
y con la magia consumida,
siempre entrar al juego amante.
Como un angel de subcielos,
en rebeldía plantas flores,
hermosas como tú,
submarinas como el agua,
el eco de un poema resuena en cada sueño,
este sueño o sueño sur,
en fin,
en cada beso que me enamora
y en cada símbolo que da tu luz.
Tus ojos color tierra
inexplicable,
se hallan desiertos en el mar de los designios,
transforman la luz de galaxias lejanas,
corren despacio hacia el eterno
sigilo.
Buscas las almas rompiendo cadenas,
te entregas al viento en
rito mortal,
confundes la niebla y vuelves tranquila,
pausando el
retorno de tu eterno ancestral.
El tiempo aguerrido se alzo entre tus
manos,
el miedo y la fuerza debaten su esencia,
se lanzan espadas en
cruce infinito,
se vuelven espacio, ausencia y
conciencia.
Es
frecuente que yo dance con la culpa,
congelándome al tomarla de las
manos,
mi caracter es probable que las quiebre,
y que el suelo sea su
dolor y su rechazo.
Poco estuve en la causas de tus miedos,
pero
creo que de engaños soy un niño,
asustado de romper aquel silencio,
que
en tu tiempo yo quizás me he acostumbrado.
Siempre trizas de colores van
nublando,
mi visión y la confianza necesaria,
intranquilo en tu presente
menos obvio,
confundido en telarañas del pasado.
La suave forma que
ocultaste tras los golpes,
juega en contra de futuros proyectados,
rondan bordes de impaciencia tras mis ojos,
un tanto lejos de los tuyos
asustados.
En tu cambio está mi amor y en lejanía la deshonra,
el
verte bien es mi regalo si lo oculto está vencido,
tu retrato estará bien
mientras llore en el espejo,
y el pecado que se arrastra será excusa de tu
sombra.
Del tiempo habrá silencio como signo de cautela,
en tu
espalda mil destellos de caricias no olvidables,
ya mi esencia tendrá
agotada su agonía y su paciencia,
exclamando tu regreso a mi imagen
desvirtuada.
Ya no más dirá el futuro,
cuando amor y sacrilegio sean
vanos,
dudaré en la firmeza y en destino,
sólo cierto de extrañar a
nuestras manos.
En mis sueños está el volar y el ser amado,
y en
esta tierra destruir mi destrucción,
si lo piensas bien aquí están las
claves,
de los misterios que comparte mi razón.
Por fin llego al cielo que pintan tus ojos,
por fin tu mirada se resigna de mi,
encantada silueta de coronas y
espadas,
cristalina princesa que has de venir.
Retornas pecados en
bendita alabanza,
te caes de golpe ante miedo fugaz,
resuelves tan terca
como piedra perdida,
envuelves silencio y espacio mortal.
La espesa
contienda que nos llena la boca,
se cree guardiana de impulsos vacíos,
arrastra palabras de inmensa cautela,
a espera de un nudo que arrebate
el sentido.
Maneras de amar hay como siempre infinitas,
tan sólo
debemos uir y encontrarnos,
buscar el balance como cosa primera,
enterrarte despacio como juego final.
El asombro
conflictivo del eterno presagio,
se retrae misterioso en turbulentas
marejadas,
se aparece repentino sin aviso ni esperanza,
reamanece
omnubilado entre gritos y espesor.
Cristalinos los momentos que dan vida
a su existencia,
terrenales los sentidos que arrebatan su dolor,
afligidos monasterios que se ocultan tras tu cielo,
fantasías de la
carne elegías de la luz.
Unicornios hermosos que vuelan
de espalda,
a mi testarudo conciente sombrío,
destrozan las almas que el
cielo rechaza,
en último instante de vuelo y sentido.
Sonetos y
escudos confrontan la calma,
que el sueño aguerrido tomó entre mis manos,
encierran miradas en lados vacíos,
destruyen desiertos y abismos
perdidos.